El comienzo de una afición

Ayer estaba recordando cómo empecé a interesarme por el mundo de las motos y a tener pasión por ellas y he pensado que podría ser divertido compartirlo con vosotros.

El primer contacto

Posiblemente la primera moto que llevé fue una Suzuki RM50 Posiblemente la primera moto que llevé fue una Suzuki RM50

Tuve la suerte de crecer en una urbanización muy tranquila, por lo que a los cinco años ya montaba en bici por mi calle sin peligro de que pasasen coches. 

Un día nos visitaron unos amigos de mis padres los cuales tenían un hijo de mi misma edad. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descargaron una moto pequeña con ruedas de tacos (en aquellos tiempos no se podía decir que fueran minimotos, estamos hablando de finales de los 70) y nos fuimos a un camino de tierra que había detrás de la urbanización. El chaval se puso un casco y empezó a ir y venir. Se notaba que montaba ya desde hacía un tiempo porque tenía práctica o, al menos, me lo parecía. 

Yo miraba la moto ensimismado. No recuerdo ni la marca ni la cilindrada. Sólo recuerdo que era amarilla y que hacía un ruido de mil demonios. Obviamente debía ser una dos tiempos. En aquel momento pensé que era la cosa más alucinante que había visto en mi vida aunque, como explico más adelante, estaba equivocado. 

Al poco, el chaval paró a mi lado y su padre me preguntó si sabía montar en bici, a lo que contesté que sí (no debía tener más de cinco o seis años) y seguidamente si queria darme una vuelta con la moto, a lo que también asentí entusiasmado. Me encasquetaron un casco “jet” y me explicó que “en el puño derecho tienes el gas y el freno trasero, en el de la izquierda tienes el freno delantero. “Ábrele con cuidado si no has montado en moto nunca hasta que te hagas a ella”, continuó. 

Me arrancaron la moto con una patada, me montaron en ella y ¡enrosqué el gas como si no hubiera un mañana! La moto salió zumbando de tal manera que nunca después he vuelto a tener esa sensación de velocidad y aceleración. Tan ensimismado estaba yendo a tope y tanto me divertía que cuando llegó el momento de frenar…¡no me acordaba de cuál era el delantero y cuál el trasero! 

El resultado de mi primera incursión motociclística fue una monumental galleta en la cual salí volando hacia adelante. Era verano, sólo llevaba bañador y unas zapatillas de deporte así que imaginaos cómo quedé, hecho un Cristo. Pecho, abdomen, brazos, manos, rodillas y piernas llenos de rascadas y golpes, además de un corte en la barbilla. Me levanté y os aseguro que no notaba el dolor porque ese corto periodo de tiempo había sido el más alucinante de mi vida. La moto no se hizo nada, eran duras como piedras. También es verdad que el camino era de tierra sin apenas piedras. Las pocas que había no tenían ni el tamaño que tiene la gravilla, así que todo quedó en un susto.

Recuerdo que lo primeo que dije cuando vinieron a buscarme es ¡quiero una moto!

El segundo contacto

Muy parecida a esta era la BMW R100S de mi padrino Muy parecida a esta era la BMW R100S de mi padrino

No me podía quitar de la cabeza esos minutos que había pasado montando en la moto de mi amigo a pesar del incidente final y un día sucedió algo que lo cambio todo. Era el verano siguiente y oí un ruido de motor que me pareció extraño, ya que no sonaba como un coche. Salí inmediatamente y, en la verja de casa, vi a mi padrino con una moto enorme. Me pareció la moto más grande del mundo, con un sonido que embriagaba. Era una BMW R100S. 

Mientras él estaba dentro de casa, con mis padres, yo me pasé horas mirando esa máquina. La inspeccioné de arriba a abajo mil veces. ¿Recordáis que antes os había dicho que mirar esa pequeña moto me había parecido lo más alucinante de mi vida? Pues me equivocaba ¡esta sí lo era! Al salir de casa, mi padrino me pregunto “¿te gusta?”. Yo, sin articular palabra y con la boca todavía abierta asentí con la cabeza. Él me dijo “¿quieres que te de una vuelta?”. Mis ojos se abrieron como platos y volví a asentir. Me aupó y me sentó delante de él. La vuelto no duró mucho, unos diez minutos a lo sumo, pero en ese preciso momento tuve claro que ya jamás podría vivir sin una moto y, a pesar de las épocas de estudiante o cuando empecé a trabajar, momentos en que el dinero brillaba por su ausencia y no me la podía permitir, siempre fui motorista.

De hecho, en primaria, los recreos los usaba para devorar revistas de motos y los fines de semana veía todas las carreras, las de 125cc, 250cc y 500cc. Es más, en verano tenía serias discusiones con mis padres porque ellos querían ir a la playa y ¡yo quería quedarme en casa viendo las carreras! Al final claudicaron, por suerte para mí. Además no es que haya sentido nunca una especial predilección por la playa. Recuerdo que mi madre me dejaba la comida hecha y yo era feliz porque tenía la televisión para mi solo y podía disfrutar de lo que más me gustaba en el mundo. 

Mi primera moto

Derbi RD 50 Derbi RD 50

Tuve la suerte de que en casa jamás se opusieron a mi pasión por la moto a pesar de que nadie era motero ni había tenido una scooter siquiera. La primera moto me la regalaron mis padres en el 86, recién cumplidos los 14 años, aunque más que un regalo fue una venganza porque creo que es una de las motos más feas que se ha diseñado jamás: una Derbi RD 50 de color rojo, de 49cc y creo recordar que siete caballos de potencia, con una corona trasera que parecía un paellero para que la moto no alcanzara más de 40 km/h, velocidad máxima legal a la que podían llegar los ciclomotores en esa época, pero que en ese momento me pareció alucinante. Era "mi" moto. No era la de un amigo, ni la de un familiar, era "mía". Y con ella empezó la libertad: rodar con los amigos del instituto, ir a clase, ir al cine sin necesidad de que te llevaran tus padres, a la playa en verano. En fin, la libertad en estado puro como no recuerdo desde entonces. A veces, hasta me daba una vuelta por el simple placer de montar en moto incluso en invierno. 

Con ella aprendí a cambiar marchas y muchas otras cosas, como mécanica "a la fuerza". No he visto jamás una moto que rompiera tantos cables de embrague y de freno como aquella moto. Ahora bien, también me lo pasé en grande modificándola. Lo primero que hice fue cambiarla la enorme corona trasera por una más pequeña para que corriera más. Tambien le cambié el carburador por un Dell'Orto de 18mm, el filtro de aire y le instalé un escape Metrakit. Recuedo que el escape se lo cambié porque el colector se resquebrajó pero me supo muy mal porque ese escape de bufanda me gustaba mucho ya que salía por la parte superior de le moto, por el lado izquierdo del sillín, y en el derecho tenía un escape falso que realmente era una caja donde llevaba las herramientas. Así que ya véis, ¡los de Derbi adelantándose décadas a marcas de accesorios para las trail!

Sweet sixteen

Cagiva Freccia C9 la moto que más echo de menos Cagiva Freccia C9 la moto que más echo de menos

Como os he dicho, en casa me compraron mi primera moto pero me dijeron que si queria otra me la tendría que pagar yo. Así que trabajé dos veranos porque mi sueño era tener una Honda MBX 75 o una Yamaha RD 80 al cumplir los 16 años. Tenía serias dudas porque me encantaban las dos. También me gustaba la Honda MTX 75 de Trail porque un amigo la tenía y me la había dejado alguna vez pero, por aquel entonces, estaba tan obcecado con las carreras de motos que queria una de carretera. Y eso que tambien devoraba el Dakar por television, el de verdad, el de Thierry Sabine por África con navegación de la buena, pero primaban las carreras en circuito por aquel entonces.

Conseguí ahorrar casi 700.000 pesetas del año 88 despues de trabajar como un burro durante dos veranos. Poco más de 4.000€ al cambio. Tal como había quedado con mis padres, al poco de cumplir los dieciséis años me dirigí al concesionario Honda de mi ciudad para comprar una Honda MBX 75 que, a la postre, había sido mi elección. No obstante, ese mismo concesionario vendía tambien la marca Cagiva y al llegar quedé alucinado porque en el escaparate tenían una Cagiva Freccia C9, roja como el diablo, de 125cc que me pareció lo más bonito que había visto en mi vida. Si bien es cierto que la había visto en las revistas la experiencia de verla en vivo no tenía nada que ver. 

Honda MBX 75 Honda MBX 75

Entonces, me acerqué al dependiente, un buen amigo hoy en día, y le pregunté el precio. Recuerdo que valía sobre las 670.000 pesetas (unos 4.000€ de hoy en día). Tenía el dinero, tenía las ganas, pero ¡no tenía ni la edad ni el carnet! En aquel entonces no se podían llevar motos de 125cc con dieciséis años ya que se consideraban motos "grandes". 

Recuerdo que le pregunté a José Luis, que así se llama mi amigo, si la podía comprar. Su respuesta fue "Comprarla sí puedes, llevarla no". Y en un acto de locura de adolescente la compré junto con un casco Nava 8 del mismo color de la moto que tenía un sistema de apertura alucinante, ya que el barbuquejo se abría en dos mitades. Y así fue como me salté la moto de 75cc para subirme directamente a una 125cc de 27CV nada menos, veinte más que la Derbi que había tenido hasta entonces y más del doble que las motos de 75cc de la época.

Hoy en día esto de llevar una moto sin carnet es una locura y, directamente, un delito penal. No obstante, y en mi descargo, debemos ponernos en la circunstancia social y geografica de la época. Eran otros tiempos, como se suele decir, y vivía en un pequeño pueblo de 5.000 habitantes donde se conocía todo el mundo. No había carreteras transitadas ni autopistas y hasta la policía, cuando me veía con esa moto, me decía "no corras mucho, ¿eh? que no tienes edad para llevarla aún". Para que veáis cuán diferentes eran las cosas en los años 80. 

Eso sí, tenía seguro (a nombre de mi abuelo) y en casa, como no sabían nada de motos ni querían saber, y esta me la había pagado, yo pues ni tan mal.

Y esta moto sí fue alucinante para mí. Empecé a aprender a llevar moto de verdad, a coger curvas, a frenar como toca, su sistema Anti-Dive (antihundimiento de horquilla al frenar) me parecía de ciencia ficción y su aceleración de otro mundo, con su válvula de escape ECS (Exhaust Control System). En seis segundos se ponía de cero a cien, lo que para mí era como pulsar el botón del hiperespacio y su velocidad máxima real era de 160 km/h nada menos.

Es la moto que más echo de menos de todas las que he tenido. Daría lo que fuera por recuperarla.

Los años posteriores

Tuve la Bandit 600 a la que le añadí el carenado inferior. Perdón por la calidad de la foto Tuve la Bandit 600 a la que le añadí el carenado inferior. Perdón por la calidad de la foto

Después, por tema de estudios y empezar a trabajar estuve unos años sin moto hasta que ya asentado laboralmente pude volver a mi pasión con veintitantos años. Y cayeron muchas motos, sobretodo japonesas, con la que hice de todo, viajar, tandas de circuito, motocross, enduro, rallies, etc,  hasta que un día conocí a un grupo de moteros que llevaban BMW. Me parecían motos de viejo (aún no había cumplido los treinta) y no me llamaban nada la atención. Es más, todavía entendia menos que le veían a esos armarios con lo que costaban. En esa época tenía una Suzuki Bandit 600 y os aseguro que no la habría cambiado por ninguna de esas BMW.

Además, siempre me tiraban coñas sobre mi moto por ser japonesa y eso no hacía más que reforzar mi idea que las BMW eran motos de viejo que, además, no tenían ni idea de motos y eran unos engreídos. De hecho, esa es una de las razones por las que decidí que todo el mundo fuese bienvenido en el foro independientemente de la moto que tuvieran, ya que esa forma de actuar sólo produce rechazo.

Aún con todo eso eran majos, y me lo pasaba bien con ellos, así que un día decidí marchar de viaje a los Pirineos. Y ahí fue donde mi percepción para con las BMW empezó a cambiar. Recuerdo haber pensado "¡Cómo van estos armarios en curva!" y lo frescos y descansados que llegaban ellos con sus RT y LT básicamente, mientras que yo, con casi 20 años menos, llegaba más perjudicado después de 10 horas o más en moto. De esta manera, empecé a mirar con mejores ojos a la marca.

Mi primera BMW

Mi primera BMW - la R 1150 RT Mi primera BMW - la R 1150 RT

Un día, estando en Palma de Mallorca, pasé por casualidad por delante del desaparecido REX MOTORS, concesionario de BMW en esa isla. Y en su escaparate vi una BMW R 1150 RT que me pareció alucinante. No tenía nada que ver con sus predecesoras, con un faro delantero imponente que integraba los de largo alcance a los lados (o cuneteros, ahora no lo recuerdo bien). Así que, ni corto ni perezoso, entré a preguntar el precio. Era un mes de noviembre, estaban cerrando el año y les faltaba una moto para conseguir un rapel de ventas. Cuando pregunté el precio me hicieron un descuento tan grande y me dieron tanto dinero por mi Bandit que me la llevé puesta.

Aunque nunca acabé de acostumbrarme del todo a esa moto, sí marcó un antes y un después para mí. Para empezar, el foro se creó gracias a ella ya que buscaba información sobre BMW en la red (corría el año 2001) y no encontraba nada. También gracias a ella me aficioné a los grandes viajes en moto. Pero sus vibraciones, su sexta marcha overdrive y su gran volumen delantero, nunca acabaron de ser de mi gusto.

Por ello no fue hasta la llegada de la primera 1200 GS, la de aire, que pensé "¡Esta sí!" Pero mi historia posterior con la marca ya os la contaré otro día si no os he aburrido mucho con mis batallitas.

De momento podéis compartir vuestra historia motera en este hilo del foro que he creado para ello: 

https://www.bmwmotos.com/foro/threads/el-inicio-de-una-aficion.601705/

Un saludo.

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