Hoy he probado la moto más vendida en España en 2020 (hasta junio), la Z900 2020. Ha sido una prueba corta, solo una primera impresión.
Estéticamente es una máquina que no me va, porque jamás entendí el manga y viendo la saga transfomers me pegaba unas siestas del copón. Gracias, Optimus Prime. Tampoco me gusta la postura en la moto, el asiento es alto con respecto al manillar, da la impresión de que en cualquier momento sales por orejas. Piernas encogidas, algo más que en mi RS, pero el sillón no es incómodo del todo. Me lo esperaba más, por sus aristas. Manillar plano y tirando a ancho, pero sin exagerar.
Y aquí se acaba lo regular que le he encontrado en la corta prueba de veinte minutos que le he hecho.
La pantalla TFT me ha gustado mucho. Bien visible, intuitiva y con mucha información (hasta la temperatura del refrigerante en dígitos). Zona roja a 11.000 rpm. Piñas japos de buena calidad.
La moto es muy corta. Tan corta, que al no ver la rueda de delante ni el faro, parece que el manillar flote sobre el asfalto. Si ya no es una moto muy pesada en parado (210 en mojado), en marcha es una bicicleta agilísima. Inclina con insinuar, y de una forma muy estable y noble. El ciclo me ha dado muy buena impresión, suspensiones firmes pero cómodas y frenos solventes. Se conduce con la mente. Es una moto fácil de llevar por este ciclo y por su motor, progresivo, suave, potente y lleno en toda la banda. Una delicia en modo sport. Y claro, siendo 210 kg, hace con la moto lo que le da la gana, hay energía para dar y vender.
¡No tiene el "escalón del gas" de la RS! Los cabritos de Kawasaki han solucionado por fin la abrupta transición que el acelerador semi-electrónico de mi modelo tiene cuando pasas del ralentí a dar gas. En esta nueva Z900 todo es dulzura y el acelerador responde con precisión y suavidad desde cero. A buenas horas.
La iluminación LED es buena, creo que mejor que en mi faro redondo también LED.
En fin, dinámicamente no le he encontrado ni un solo defecto, pero la he probado muy poco tiempo. Es un juguete impresionante, si yo lo hubiera conducido con 20 años, el flechazo hubiera sido inmediato. No me hubiera bajado de ella ni para mear.
La definiría como una máquina que se conduce telepáticamente, como una prolongación de tu cuerpo, divertidísima y con ese tacto agradable que te hace sentir como en casa. Muy buenas vibraciones moteras de las que te hacen salir un sábado por la mañana y cuando miras el reloj ya es de noche.
Entiendo el éxito de esta moto entre los jóvenes. Es pura dinamita, pero endulzada con facilidad y ligereza. Es decir, no tiene el funcionamiento abrupto austríaco o italiano, sino que es dulce y facilona, pero implacable cuando la aprietas. Irresistible. En la tienda nos dijeron que se habían agotado en España hasta 2021, no sé si será cierto, pero si lo fuera, podría entenderlo.
A ver, no es mi moto por estilo, por ergonomía y por estética, pero si me pongo el traje de veinteañero, sueño con ella por las noches. Memorable.
Esto es solo una primera impresión. Para conocerla mejor y profundizar en sus defectos (seguro que los tiene) tendríamos que tener una relación más larga, pero la verdad es que no son evidentes.